El cine y la literatura también usan el espacio como epicentro.
El avance de la ciencia influencia la expresión cultural humana, nos dice la académica Jèssica Pujol Durán, del Departamento de Lingüística y Literatura USACH. En su obra cumbre, el poeta chileno Vicente Huidobro describe cómo Altazor cae del cielo y ve la Tierra desde afuera. Lo mismo con el poeta y ensayista francés Charles Baudelaire, quien en su poema «Elevación» también experimenta nuestro mundo desde el exterior.
“Todo esto está en la imaginación de los escritores”, dice la académica. “Pero a finales de la década de los sesenta del siglo XX, ya tenemos imágenes espaciales de la Tierra desde fuera, completas”, dice. A partir de entonces, comienza un movimiento literario que apela más a los sentidos y a lo material más que a la imaginación o lo místico.
La famosa escritora uruguaya Amanda Berenguer, quien escribe cuando recién el Sputnik I se lanzaba al espacio, incursiona en una poesía experimental que al mismo tiempo es científica y metafísica, y se propone explorar la Nube de Magallanes como un símbolo de lo inalcanzable y lo desconocido. Obsesionada con el universo, la luz y el espacio, Berenguer hace el intento por capturar los fenómenos de la naturaleza no mediante la ciencia, sino mediante el lenguaje. Fue una de las primeras en incursionar en lo que Ed Sanders denominó poesía investigativa.
El poema «Las nubes magallánicas» “es un poema largo, maravilloso. Dice que las nubes de Magallanes están en contacto cuando no se sabía todavía que realmente intercambian gases“, dice la académica. “Entonces, claro, son poetas que no solo están hablando del cielo de forma metafórica, eso es lo que yo quiero decir, que es de forma material. Están mirando el cielo y lo describen de forma física, tangible”.
Este enfoque científico también es posible verlo en la prosa. En 2024, la escritora Samantha Harvey publicó su novela Orbital, obra breve pero intensa desde el punto de vista emocional. A diferencia de la literatura de ciencia ficción, que explora el mundo en perspectiva futurista, Orbital nos habla de las aventuras espaciales desde la misma Estación Espacial Internacional (EEI), internándose en las vidas de seis astronautas durante un día completo de órbita.
El espacio ha sido también el fetiche de los cineastas, quienes sitúan aventuras en el espacio exterior para graficar el reto humano de la exploración de fronteras desconocidas. En este catálogo podemos mencionar películas contemporáneas como El Marciano, Gravedad, Interestellar, todas filmadas en la nueva era espacial, y también obras como Viaje a la Luna (1902), Reina de Marte (1924) o La mujer en la Luna (1929). Esta última, dirigida por el famoso Fritz Lang, introdujo el concepto de “la cuenta regresiva”, la cual sería después utilizada por la NASA en sus misiones espaciales.
La película Gravedad expone en clave claustrofóbica los efectos catastróficos de la congestión satelital en la órbita baja, un problema advertido por el astrofísico Donald Kessler en 1991. En 2023, la agencia espacial rusa (Roscosmos) produjo la película de ficción El Desafío, primer largometraje de ficción en la historia rodado en el espacio.